Vaya por delante que a mí me gusta la Navidad. Cuando preguntas alrededor, te dicen que básicamente es un sentimiento. O muchos: Amor, Amistad, Familia, Solidaridad, Alegría, Felicidad…En realidad todos ellos son, digamos, de uso diario. ¿Por qué entonces la Navidad es tan especial?, ¿Por qué todos tenemos buenos deseos para con el prójimo?, ¿Por qué nos sentimos en la mesa más felices que un domingo cualquiera?
Puede que simplemente porque hacemos un vacio en el laberíntico universo diario e intentamos de verdad que todos esos sentimientos afloren conjuntamente. O porque la representación del nacimiento del Niño Dios, un tipo que mostró después los valores que forman la base de nuestra cultura, sacude nuestra conciencia en estas fechas. Posiblemente porque es la época del año en que más importancia y atención prestamos a las relaciones menos cercanas. A lo mejor porque el marketing y las compras despiertan la felicidad en el consumo…En fin, cada uno tendrá sus propios porqués.
Como Dickens en su Cuento de Navidad ya dejó claro que el espíritu de la Navidad existe (una época ideal para leerlo), mi deseo para todos es que esta conjunción de generosidad, buena voluntad, amor, paciencia y amistad podamos meterlo en un tarro e ir sacándolo poco a poco el resto del año, para que ese espíritu nos alumbre los días lúgubres del año.
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viernes, 18 de diciembre de 2009
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